Los jóvenes como potencia de cambio - Time for talent
Cada generación ha tenido, y tiene, su papel en la construcción del mundo que hoy conocemos. Valoramos lo que podríamos llamar avances y tendemos a sacar punta a todas esas cosas que quizá nos hubiera gustado no heredar, pero... ¿y si fueran precisamente estas últimas las que necesitáramos agradecer?
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Los jóvenes como potencia de cambio

Cada generación ha tenido, y tiene, su papel en la construcción del mundo que hoy conocemos.

Valoramos lo que podríamos llamar avances y tendemos a sacar punta a todas esas cosas que quizá nos hubiera gustado no heredar, pero… ¿y si fueran precisamente estas últimas las que necesitáramos agradecer?

Somos parte de una generación que ha crecido sabiendo que la ropa que viste está hecha a base de explotación en otra parte del mundo, una generación que desde muy pronto ha oído las palabras cambio climático, una generación que ha visto como sus padres trabajaban a cambio de un sueldo sin pararse a pensar si era el estilo de vida que querían vivir.

Y entonces…

generaciónEstamos acostumbrados a agradecer todo aquello que identificamos como bueno, pero ¿y si todo lo no tan bueno fuera precisamente lo que necesitamos para aprender, para darnos cuenta de que no es la dirección que queremos seguir?

Somos la generación a la que le toca mover ficha y tomar las riendas como impulsora de unos valores urgentes y acordes a la sociedad actual como la transparencia, la sostenibilidad, la colaboración y el compromiso social. Pero no en hacerlo a través de la rebeldía y la exigencia que asoman cuando creemos tener razón —razón que nos da la excusa perfecta para quejarnos y exigir sin mirar a nuestro propio ombligo—, porque aunque nos encontramos en medio de un cambio de ciclo donde nuevos valores están tomando cada día más fuerza, si caemos en la trampa de señalar y criticar como forma de avanzar, estaremos alimentando el mismo juego.

Cambiar nuestra forma de entender el dinero y el consumo nos permite responsabilizarnos del poder que tenemos como personas para tomar conciencia de qué modelo de sociedad apoyamos y decidir cuál queremos apoyar. Uno, en el que el centro es el interés personal e individualista; otro, donde lo que prima es el interés colectivo y el bien común.

Los retos globales requieren de respuestas globales. ¿Que qué puedes hacer tú? La respuesta es clara: todo lo que tiene que ver con tu propio equilibrio. No tiene sentido buscar un equilibrio global si nosotros mismos no lo llevamos“por dentro”.

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Ha llegado la hora de darnos cuenta de que nuestra gran crisis no es económica. Nuestra gran crisis es de humanidad, y no es solucionable con tecnología puntera ni con teorías de mercado, sino con el amor y compromiso que supone entrenar la capacidad de percibir al otro y lo que nos rodea como parte de uno mismo.

Quizá agradecer todo eso que nos gustaría no haber heredado nos permite abrirnos a su verdadera función, enseñarnos lo que hasta este momento no hemos sido capaces de aprender: que esa transformación global que tanto demandamos pasa por descubrirnos como células de un mismo organismo común.

Fran y Lorena
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